Rousseff: 'Creía que ya no sería necesario volver a luchar contra un golpe'

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en un discurso antes de dejar Planalto. Brasilia, 12 de mayo de 2016 (AFP)
Una desafiante Dilma Rousseff se apartó de la presidencia de Brasil este jueves, después de que el Senado la suspendiera para someterla a un juicio político por supuesta violación de las leyes presupuestarias, una decisión histórica en un país sumido en una profunda recesión y un gran escándalo de corrupción, informa Reuters.
Rousseff, en el cargo desde 2011, fue sustituida por el vicepresidente, Michel Temer, mientras dure el proceso en el Senado, que podría prolongarse durante seis meses.
En declaraciones efectuadas poco antes de abandonar el Palacio Presidencial de Planalto, en Brasilia, Rousseff dijo que fue notificada de su suspensión esta mañana.
"He cometido errores, pero no he cometido ningún crimen", afirmó molesta y calificó el juicio político como "fraudulento", flanqueada por decenas de ministros que se apartaron con ella de la administración.
"Soy víctima de una farsa jurídica y política" cuando "creía que ya no sería necesario volver a luchar contra un golpe", declaró con la voz a punto de quebrarse y casi con lágrimas en los ojos la izquierdista Rousseff, de 68 años, aludiendo a su combate contra la dictadura militar de Brasil cuando era joven, informó EFE.
La mandataria dijo que sufre "la mayor de las brutalidades que se puede cometer contra un ser humano: castigarlo por un crimen que no cometió".
'Una medicina amarga, pero necesaria'
La suspensión se produjo horas después de que el Senado aprobara el proceso por 55 votos contra 22, acabando con más de 13 años de gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).
Es poco probable que Rousseff, una economista, exintegrante de un grupo guerrillero marxista y la primera gobernante mujer del país, sea absuelta en el juicio político.
La amplitud de su derrota mostró que la oposición ya tiene el apoyo que necesita para alcanzar la mayoría de dos tercios necesaria para condenarla y apartarla del cargo de forma definitiva.
"Es una medicina amarga, pero necesaria", dijo el senador opositor José Serra, antes de ser nombrado nuevo ministro de Relaciones Exteriores por Temer. "Habría sido una tragedia mayor la continuación del Gobierno de Rousseff. La situación de Brasil sería insoportable", añadió, según citó Reuters.
Ahora que la economía brasileña está sumida en su peor recesión en décadas, el flamante Ejecutivo buscó mostrar que actuará con rapidez. Asesores de Temer afirmaron que el Gobierno entrante anunciará una serie de medidas de austeridad para ayudar a reducir el gigantesco déficit presupuestario.
Una de las primeras será aprobar una reforma al costoso sistema de pensiones, fijando posiblemente una edad mínima de jubilación, dijo un asesor.
Temer nombró como ministro de Hacienda al expresidente del Banco Central de Brasil Henrique Meirelles, popular entre los inversores extranjeros.
Como jefa de Estado suspendida, Rousseff podrá seguir viviendo en su residencia oficial, tener personal a su servicio y usar un avión de la Fuerza Aérea.
La mandataria prometió que seguirá luchando. Pidió a sus partidarios que se mantengan "movilizados, unidos y en paz", porque "la lucha por la democracia no tiene una fecha para acabar".
Afirmó que "lo que está en juego ahora" no es su mandato, sino "el respeto a las urnas, a la voluntad soberana del pueblo y la Constitución", las "conquistas sociales de los últimos años", la "esperanza" de los más pobres y también la enorme riqueza petrolera descubierta en aguas profundas del océano Atlántico.
Rousseff liberó a su gabinete, incluido al ministro de Deportes, encargado de los preparativos para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en agosto, informó el Diario Oficial. El gobernador del Banco Central, que tiene rango ministerial, no fue incluido en el decreto.
En algunos vecindarios se lanzaron fuegos artificiales tras la votación, al final de una sesión de 20 horas en el Senado. La Policía se enfrentó brevemente con manifestantes pro Rousseff en Brasilia, pero el país estaba calmado en la mañana del jueves, con algunas personas celebrando en Sao Paulo y otras ciudades envueltas en la bandera verde, amarilla y azul de Brasil.
El proceso contra Rousseff es el primer juicio político a un presidente de Brasil desde 1992, cuando Fernando Collor de Mello enfrentó enormes protestas que pedían su remoción por cargos de corrupción.
Collor de Mello renunció luego de que el Senado votó a favor de iniciar el procedimiento y años después fue absuelto. Actualmente senador y votó el jueves a favor del juicio político de Rousseff, según medios locales.
Los retos de Temer
Temer, un constitucionalista de 75 años que ha pasado décadas en el Congreso de Brasil, enfrenta ahora el desafío de restaurar el crecimiento económico y la calma en momentos en que los ciudadanos, cada vez más polarizados, cuestionan si las instituciones pueden cumplir con su promesa de estabilidad.
Además de un enorme déficit presupuestario, equivalente a más del 10 por ciento de la producción económica anual, Brasil sufre por el creciente desempleo, el desplome de la inversión y la contracción económica, que se proyecta llegará a más del tres por ciento este año.
Pero estos cambios, incluyendo una reforma a las leyes de pensiones, tributarias, laborales y una iniciativa que unifique a los fragmentados partidos en el Congreso, podrían ser difíciles de aplicar en momentos de turbulencias.
En un comunicado el jueves, Moody's Investors Service señaló que es probable que la prolongada tensión política complique la puesta en marcha de reformas.
"Brasil se enfrenta aún a retos crediticios significativos, incluida la necesidad de revertir la actual contracción económica y lograr una consolidación fiscal destacable", indicó la agencia calificadora.
Sobre el Gobierno que encabezará Temer, Rousseff calificó de "riesgo (…) que el país sea dirigido por los sin votos, aquellos que no fueron elegidos por la población y que no tienen legitimidad para enfrentar los desafíos" de Brasil.
La gestión de su hasta ahora vicepresidente "podrá verse tentada a reprimir a quienes piensen distinto", dijo la presidenta, y afirmó que ese nuevo Gobierno "será la gran razón para la continuidad de la crisis política" en el país.
"Tengo orgullo de ser la primera mujer electa presidenta de Brasil" y "lucharé con todos los instrumentos legales para ejercer mi mandado hasta el fin", aseguró Rousseff, quien dijo que "el destino siempre" le reservó duros desafíos.




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