COMITE INTERNACIONAL DE EX-PRESOS POLITICOS CBANOS.
La Protesta de Baraguá es el nombre dado a la orden de desobediencia del general Antonio Maceo con respecto al Pacto del Zanjón y que marcó un trascendental precedente en la lucha por la independencia deCuba respecto de España.
Por más de nueve años los cubanos encabezados inicialmente por Carlos Manuel de Céspedes, se habían lanzado a la manigua con el objetivo de lograr la independencia de Cuba. Aunque se mantenía el propósito independentista en las filas del Ejército Libertador, los conflictos internos impedían el desarrollo de un plan único que diera fin a la contienda y asegurara el triunfo.
Bajo estas circunstancias, la dirección de la Insurrección comenzó a flaquear en sus posiciones; y esto, unido al incremento de las operaciones militares por parte de la administración española, dieron lugar a que un grupo de jefes cubanos empezaran a pensar en la posibilidad de un proceso de paz, sin que se cumpliera la principal exigencia de la guerra: la Independencia de Cuba, aspecto que fue ignorado por el mando español en el intento por negociar la paz. El riesgo a que tanta sangre derramada fuere en vano era evidente; Arsenio Martínez-Campos, Capitán General de la Isla, prometía el perdón a aquellos que depusieran las armas pero esto no era suficiente ni confiable.
Fue así que el 10 de febrero de 1878, el Comité del Cerro, otrora Cámara de Representantes, firmó junto al general Martínez-Campos, un documento conocido como el Pacto del Zanjón, que ponía fin a la Guerra de los Diez Años.
Maceo, que en enero de 1877 había sido ascendido a Mayor General y repuesto ya de las graves heridas recibidas el 6 de agosto de ese propio año, en el combate de Mangos de Mejías (ocho en total, cuatro de ellas en el pecho), se incorpora de nuevo a la guerra. Las victorias resonantes en Florida, Llanada de Juan Mulato y San Ulpiano en Enero y Febrero de 1878, le reconfortan por el tiempo perdido en la convalecencia.
Desconocedor de lo que sucedía en Camagüey y Las Villas va en busca de su médico y amigo fraternal, el doctor Félix Figueredo, para comentar los rumores que circulaban de conferencias y tratos con los españoles, en los que no creía. El doctor Figueredo le dio un amplio informe de las noticias que había recibido, y a una pregunta directa sobre la posición y actuación del Generalísimo Máximo Gómez, contestara que "no podía responder más que de sí mismo", Maceo, al oír todo lo que se había dicho de los jefes de la Revolución que aceptaron el convenio con los españoles, se alejó visiblemente disgustado, sin despedirse de su amigo.
El 18 de febrero de 1878, en Pinar Redondo, se entrevistaron Gómez y Maceo. Era el momento esperado por el primero para informar al segundo todo lo ocurrido en Camagüey y dar el adiós a la heroica madre de la familia Maceo, a su comadre Mariana Grajales. Allí conoció de la postura de Maceo en cuanto a no aceptar lo proclamado en el Pacto del Zanjón y su disposición a continuar la lucha. Se enteró también del objetivo del Titán de celebrar una entrevista con Martínez Campos para pedirle una suspensión de hostilidades que le permitiera organizarse; "comprendí -dice Gómez- la idea de Maceo, para darle un buen golpe al enemigo, y le alenté en la empresa".
Así, Maceo, en febrero 21, escribe a Martínez Campos. Le dice que conoce por Gómez, Rodríguez y Cedeño, lo pactado en Camagüey, "Oriente y Tunas -afirma- se hallan en condiciones de continuar la lucha, no están de acuerdo con la resolución de la Junta del Centro"; termina solicitando entrevistarse con él y pide cuatro meses de suspensión de hostilidades para consultar la voluntad de todos los distritos que componen ese Departamento.
El 15 de marzo se realizó la entrevista entre los generales Antonio Maceo y Arsenio Martínez Campos y allí, entre halagos de su homólogo español, Antonio Maceo concretó su posición en pocas palabras.
Martínez Campos llegó a Mangos de Baraguá conducido por José Cefí Salas y después de realizar su presentación y la de sus acompañantes, pronunció breves palabras de introducción a la conferencia. Por su parte, el general Maceo presentó a sus acompañantes y de inmediato comunicó a Martínez Campos que no estaban de acuerdo con el pacto firmado, ya que con el mismo no se lograba la independencia de Cuba, ni la abolición de la esclavitud. El general Antonio Maceo le expresó a su homólogo español, quien trataba de convencerlo de que firmara dicho pacto: "No estamos de acuerdo con lo pactado en el Zanjón; no creemos que las condiciones allí estipuladas justifiquen la rendición después del rudo batallar por una idea durante diez años y deseo evitarle la molestia de que continúe sus explicaciones porque aquí no se aceptan". Además, en una frase muy conocida y de mucha significación para la historia de Cuba dijo cuanto Martínez Campos sentenció: "Entonces, no nos entendemos"- Maceo respondió: "No, no nos entendemos."
Posteriormente hablaron el general Manuel Calvar y el doctor Félix Figueredo, quienes reforzaron los planteamientos de Maceo. Seguidamente Martínez Campos replicó:
Pero es que ustedes no conocen las bases del convenio del Zanjón. Sí —interrumpió Maceo— y porque las conocemos es que no estamos de acuerdo.
Martínez Campos trató de leer el documento, pero Maceo no se lo permitió al plantearle: "Guarde usted ese documento, que no queremos saber de él".
Como resultado de la conferencia, se acordó que volverían a romperse las hostilidades y se estableció para ello un plazo de ocho días con el fin de que las tropas ocuparan los territorios designados. El capitán de Cambute, Fulgencio Duarte, que había presenciado la entrevista, exclamó:
¡Muchachos, el 23 se rompe el corojo!.
En horas de la noche se efectuó una reunión de consulta de las tropas mambisas, en la cual se ratificó, por unanimidad, la continuación de la lucha armada. En ella también se aprobó una Comisión encargada de redactar la nueva Constitución de la República de Cuba en Armas. El texto constitucional, bien sencillo, constaba de seis artículos. En él se establecía un gobierno provisional, integrado por cuatro individuos, con encargo de nombrar un general en jefe que dirigiera las operaciones militares. El gobierno provisional quedaba facultado para concertar la paz solo sobre la base de la independencia. El poder judicial se concebía como órgano independiente. La presidencia del gobierno provisional recayó en el mayor general Manuel de Jesús Calvar; como secretario fungía el teniente coronel Fernando Figueredo y como vocales los coroneles Eduardo Mármol Tamayo y Pablo Beola.
El 16 de marzo el gobierno designó para el cargo de general en jefe al general Vicente García, quien ocuparía también el mando de Las Tunas y de Holguín occidental. Antonio Maceo fue nombrado jefe de Oriente.
Las medidas de persuasión del general Martínez Campos en vísperas del reinicio de las hostilidades fracasaron, y el 23 de marzo, según lo acordado en la entrevista de Baraguá, se reanudaron las hostilidades. Sin embargo, para las fuerzas libertadoras concentradas en la zona oriental la situación era en extremo difícil, no poseían caballos suficientes, no contaban con ayuda exterior y en vano aguardaban por el resurgimiento de la lucha en otras regiones.
El 23 de marzo, al enfrentar a las fuerzas cubanas las columnas españolas, por ordenes de Martínez Campo, siguiendo su política apaciguadora, no respondían al fuego que se les hacía e irrumpían en vivas a España y a Cuba, aunque entrado el mes de abril empezaron a combatir.
No obstante, la concentración de más y mejor armamento en manos de las tropas españolas hacía que la situación empeoraba para las fuerzas mambisas. El 3 de mayo el gobierno provisional se reunió con el fin de aprobar la salida del general Antonio Maceo hacia el extranjero, con el propósito de que reuniera recursos humanos y materiales que posibilitaran continuar la lucha armada. Así, se preservaría la vida del jefe cubano, y también su prestigio, al evitarle capitular o caer prisionero. El 9 de mayo Maceo salió para Jamaica, después de entrevistarse nuevamente con Martínez Campos. Dejó expuesto al General español que abandonaba el país sin ningún compromiso de paz que no fuera basado en la independencia.
Sus intentos por recaudar recursos en el exterior fracasaron. Conocedor de esa situación, el gobierno provisional reunió a los jefes y oficiales más cercanos y, apoyado por el voto de la mayoría de las tropas, concertó la suspensión de las hostilidades para el 28 de mayo de 1878.
No obstante la firma de la paz, continuaron en armas pequeños grupos y jefes insurrectos, entre los cuales el más notable fue el comandante Ramón Leocadio Bonachea, quien en unión de otros patriotas villareños se mantuvo sobre las armas hasta abril de 1879. En Sancti Spíritus, Bonachea realizó la protesta de Hornos de Cal, en la cual rechazaba la capitulación.
La Protesta de Baraguá fue una respuesta que revivió los objetivos iniciales básicos por los cuales los cubanos se habían lanzado a la lucha contra el gobierno colonial español y que, contenidos en el Manifiesto del 10 de Octubre dado a conocer por Céspedes el día que lanzara el Grito de La Demajagua , habían sido defendidos durante diez años por miles de cubanos en los campos de batalla.




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