lunes, 14 de marzo de 2016

Masivas protestas en todo el país exigen la renuncia de Rousseff

Masivas protestas en todo el país exigen la renuncia de Rousseff

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Manifestantes en Brasilia. 13 de marzo de 2016. (AFP)
Una ola de manifestantes pidió este domingo en Brasil la destitución de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, en un clima de fuerte descontento social por la recesión económica y un multimillonario fraude a Petrobras que salpica a la élite empresarial y política, informa la AFP.

Las estimaciones iniciales indican que cerca de un millón de brasileños habrían salido a las calles a expresar su irritación, en una protesta que por primera vez es públicamente apoyada por partidos de la oposición.
La magnitud de las marchas es un dato de alta sensibilidad para Rousseff, que enfrenta un pedido de juicio político que podría terminar anticipadamente su mandato, previsto hasta 2018, y también para los que buscan combustible para ese proceso que está en ciernes en el Congreso.
"Estamos en la calle porque no aguantamos más este Gobierno. Señores diputados, señores senadores, exigimos el impeachment de Dilma", dijo Rodrigo Chequer, líder del grupo Vem pra Rua, uno de los organizadores de la manifestación, desde lo alto de un camión.
La capital económica e industrial de Brasil fue el corazón de las marchas contra el gobierno el año pasado, y es allí donde se mostraron líderes opositores como el senador Aecio Neves, derrotado por Rousseff en las últimas elecciones.
"Vine porque estoy cansada de ver tanta corrupción y para reclamar por el desorden en que se convirtió este país. Basta de robo, basta", dijo Rosilene Feitosa, una pensionada de 61 años en Sao Paulo. "Yo voté por el PT [Partido de los Trabajadores, en el poder] pero nunca más".
Las imágenes aéreas mostraban este domingo una marea de gente vestida de amarillo y verde, los colores de la bandera nacional, en una escena que se repitió en la capital, Brasilia —con una asistencia oficial de 100.000 personas— y Rio de Janeiro, sede de los próximos Juegos Olímpicos.
En Rio los organizadores calcularon que entre 700.000 y un millón de personas marcharon sin incidentes junto a las playas de Copacabana.
Los números a nivel nacional consolidados por el portal G1 muestran que la asistencia informada por las organizaciones casi triplica a la elaborada por la policía.
Grandes centros urbanos como Belo Horizonte, al sureste, e incluso tradicionales bastiones del PT, como el Estado de Bahía o Pernambuco, en el noreste, también tuvieron grandes convocatorias.
En medio de citas que alusivas al "fin del ciclo" tras más de 13 años del PT en el poder, los manifestantes se quejaron del derrumbe de la economía, que cayó 3,8% en 2015 y continuaría su declive este año, conformando la peor recesión en un siglo, y por los escabrosos hallazgos de la investigación en Petrobras, desde donde se desviaron multimillonarios fondos a los partidos que integran la coalición de Gobierno.
Unas 300 personas se reunieron frente a la residencia del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, convertido ahora en uno de los blancos de los fiscales que investigan causas de corrupción y con pedido de prisión preventiva por supuesto ocultamiento de bienes. Lula, símbolo y fundador del PT retribuyó el saludo, constató un fotógrafo de la AFP.
En Rio de Janeiro, una avioneta roja que sobrevoló las playas portando un cartel que decía "No va a haber golpe" fue abucheada por la multitud. Poco después, una yate navegaba frente a la costa mostrando una bandera que decía "Fuera Dilma".
En Brasilia, activistas contra el gobierno levantaron un gigantesco muñeco inflable que asemejaba la figura de Lula vestido de presidiario.
La multitud que ocupó la explanada central que conduce al Congreso gritó vivas al juez federal Sergio Moro, cuyos fallos enviaron a la cárcel a varios empresarios y políticos de la élite local por el caso Petrobras.
El sábado, el mayor aliado que tiene el PT anunció que evalúa romper la alianza. El centrista PMDB, la mayor fuerza política de Brasil, debatirá durante 30 días si abandona a Rousseff a su suerte o si se mantiene dentro del Gobierno.
Una eventual salida debilitaría al Gobierno al extremo. En plena tormenta, Rousseff compareció sonriente el viernes y echó mano del carácter glacial que envuelve su biografía: "¿Creen que tengo cara de estar resignada? ¿Creen que tengo genio para resignarme? Yo no estoy resignada ante nada y no tengo esa actitud ante la vida (...) Cuenten, por lo menos, que no tengo cara de quien va a renunciar", dijo a los periodistas.

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