domingo, 10 de abril de 2016

{2}El poder en Cuba prepara un heredero, tras bastidores

El poder en Cuba prepara un heredero, tras bastidores


Alejandro Castro Espín, hijo mayor del gobernante Raúl Castro, encabeza una estratégica organización identificada como Comisión de Seguridad Nacional en la que los mandos militares del Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas fueron unificados


POLÍTICA | 09 de Abril de 2016

Alejandro Castro Espín
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Alejandro Castro Espín, junto a su padre, el dictador Raúl Castro, llevó la voz cantante en las negociaciones que se mantuvieron entre Cuba y EEUU. (ILUSTRACIÓN)
LA HABANA.-RUI FERREIRA
Enviado especial
@ruiefe
En el momento en que Ben Rhodes y Ricardo Zúñiga se presentaron en las conversaciones secretas que Estados Unidos mantuvo con Cuba, para normalizar las relaciones el año 2014, delante de los dos hombres enviados por Barack Obama se encontraba uno solo que concentraba los poderes de los representantes de Washington: Alejandro Castro Espín.
Los tres hombres trabajan en el mismo ámbito, en las presidencias de sus respectivos países. Se dedican a asesorar a los mandatarios en materia de Seguridad Nacional. Pero Castro Espín nunca apareció vinculado a las negociaciones hasta que en diciembre pasado, en Panamá, se le vio sentado en tercer lugar en la disposición protocolaria durante la reunión desarrollada entre el presidente Obama y el gobernante Raúl Castro.
La ubicación de Castro Espín durante ese encuentro, situado frente a frente con Ben Rhodes, sugirió a los analistas la sospecha de que el hijo mayor del mandatario cubano era mucho más importante en todo el proceso de lo que inicialmente habían creído.
La confirmación se produjo durante la reciente visita de Obama a la isla. DIARIO LAS AMÉRICAS lo consultó con tres fuentes, dos gubernamentales y un periodista conocedor de algunas interioridades del proceso. Según las fuentes, efectivamente Castro Espín, junto a su padre, llevó la voz cantante en las negociaciones que se mantuvieron totalmente al margen de los mecanismos diplomáticos tradicionales de ambos países, y se descubrió que el primogénito del mandatario de la isla encabeza o preside una hasta ahora poco conocida ‘Comisión de Seguridad Nacional’.
Pero Castro Espín tiene realmente muchos más poderes e influencias que Rhodes o Zúñiga, ya que siendo coronel del Ministerio del Interior (MININT) coordina la contrainteligencia tanto del MININT como de las Fuerzas Armadas, unificación de mando que comenzó hace unos 15 años, a partir de informes ofrecidos por fuentes consultadas.
Muchos lo miran como un verdadero poder detrás “del trono” y otros, como un intento de promoverlo como eventual sucesor de su padre. Pero lo cierto es que tras conversar con al menos 10 personas en La Habana, no ha surgido ningún indicio de que así sea. Sino que Castro Espín es un muy importante auxiliar de su padre que deposita en él entera confianza.
Es además, autor de un libro sobre Estados Unidos, (‘El precio del Poder’) bastante crítico de la política de Washington hacia su país, pero también un hombre que ‘sabe escuchar’ y ‘no le tema a las diferencias’, en opinión de una fuente diplomática entrevistada. “No creo que Alejandro vaya a suceder a su padre. Nosotros no funcionamos en términos de dinastías, no tiene que ver con los cubanos y el Gobierno lo sabe. No somos Corea del Norte. El Gobierno parece más interesado en garantizar la continuidad de la revolución que en el hombre que realmente le suceda”, explicó un periodista cubano que pidió no ser identificado. El actual sucesor nombrado de Castro es Miguel Díaz Canel, el vicepresidente primero del país, que pudiera asumir la primera magistratura el año 2018 cuando se diera una profunda modelación en los cuadros políticos, como adelantó hace unos años el propio mandatario cubano, al anunciar su disposición a no buscar una consecución en el puesto.
Castro Espín, de 49 años, es hijo de Raúl Castro y Vilma Espín, fallecida, que fundó la Federación de Mujeres Cubanas y fue combatiente del movimiento insurreccional en la Sierra Maestra, considerada heroína de la revolución cubana.
En su desempeño militar estuvo involucrado en la guerra de Angola, un conflicto bélico que duró 16 años (1975-1991) al que el régimen de La Habana envió a sus militares jóvenes y reclutas del servicio militar obligatorio y donde murieron 2.700 cubanos. En esa guerra Castro Espín sufrió un accidente que le llevó a la pérdida de un ojo, y según fuentes habaneras siempre estuvo muy próximo a su padre aunque era el hijo preferido de la madre. Sus hermanas, Mariela y Deborah no tienen puestos de destaque, aunque la primera se encuentra al frente de una ‘revolución sexual’ en la isla al abogar públicamente por los derechos de los homosexuales desde sus oficinas en el Centro Nacional de Educación Sexual.
Cuando en mayo pasado, el mandatario cubano visitó al papa Francisco en el Vaticano, su hijo Alejandro estaba al lado. El 17 de diciembre del 2014, le tocó a Castro Espín recibir en el aeropuerto de La Habana a tres cubanos liberados, que fueron condenados en EEUU bajo cargos de espionaje y formaban parte de la desintegrada red Avispa. Ese día en que las capitales de los vecinos antagónicos anunciaron el inicio del deshielo y la normalización de relaciones diplomáticas, Castro Espín fungió como embajador.
Pero fue en la Cumbre de las Américas de Panamá, en junio, cuando su figura se tornó más relevante a los ojos de los observadores. Él nunca se separó de su padre durante el primer apretón de manos entre Castro y Obama, en presencia de muchos dignatarios de la región, y más tarde en la reunión a solas, se sentó inmediatamente al lado del ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, frente al asesor nacional de Seguridad estadounidense, Ben Rhodes, a todas luces, su homólogo.
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